domingo, 3 de abril de 2011

Sembrar agua


Lo hacían mis antecesores árabes en la Alpujarra, y lo hacen quechuas y aymaras en Los Andes, y lo hicieron sus ascendientes... y lo hacen himalayos y timorenses... y ahora, que vemos cómo se produce la recesión de los glaciares, tal vez se pueda pensar en retomar lo que la sabia cultura popular nos legó.

Los árabes, hace 1000 años (día más, día menos), derivaban las aguas de los barrancos y ríos alpujarreños, principalmente las de deshielo; y lo hacían por acequias, talladas en la roca y labradas en esa mínima franja de alteración, siguiendo curvas de nivel, y llegando con ellas hasta muy lejos... Debajo de estas acequias construían paratas para riego, con muros de piedra, para sujetar apenas unas estrechas lenguas de tierra, donde sembrar algo de huerta y algo de fruta.

El riego se hacía (y se hace) por turnos, abriendo pequeñas compuertas para dar paso al agua, que fluía y fluye fugaz por surcos cavados entre caballones... y pasaba a la siguiente parcela, y a la otra... y donde no había tierra, para esa parata de primor, se plantaban castaños, que allí los debe haber de mil años (día más, día menos). Alguno de estos castaños me dijo que, a su regazo, se había sentado Abén Humeya, con alguna bellísima hurí (vaya usted a saber lo que hacían, mejor no preguntar...).

Y así fueron roturando aquellos bancales, en escalinata que sube ladera arriba, hasta las puertas del cielo. En la distancia el verdor marca esas líneas, que precursoras fueron de las curvas de nivel... son los denominados "careos" del agua.

Y derivando agua por ellos, y regando sus mini-huertos, y gracias a las muchas pérdidas, “sembraban agua”, que nacerían, meses más tarde, en parto sin dolor, en manantiales estratégicamente ubicados en las partes bajas de las laderas, como aguas oligometálicas, prístinas, cristalinas, despertadoras de apetito para saborear un buen jamón, curado en Trevélez, con crujiente pan de hogaza, y un trago de vino, de la bota, que no desmerece al agua...

Pero llegaron ingenieros sabihondos, y aplicaron fórmulas (que es lo que saben hacer), y no miraron al suelo ni al cielo, sino al pliego. Y mandaron traer sacos de cemento, por las pinas veredas, y cuando se les acabaron trajeron más y más; y se tomaron un vaso de vino "costa", criado en aquel terruño, y se fueron a sus despachos y despacharon presupuestos.

Y hubo comisiones y oficios y hasta aquello de "cúmplase"... Y aquellas acequias, ahora llevaban su néctar divino más lejos, y más regantes pagaban sus cuotas... pero aquellas acequias ya no filtraban, ya no recargaban, ya no daban savia a los castaños,… y los chorritos de agua ya no cantaba en sus manantiales; ni los jilgueros tenían umbría; ni los zapateros danzaban en los charcos de agua...

Ya el bocadillo no se acompañaba del refresco del agua nacida en la nieve... Ya no se sembraba agua, ya se secaban los suelos,... y los hidrogeólogos nos tragábamos las lágrimas con desconsuelos... mientras que los del cemento compadreaban satisfechos del entuerto hecho, y de que por las arcas pasaba el oro azul...

Y os contaría de las "amunas", que es otro facer semejante de los indios peruanos o bolivianos, en su mejor aprovechar las aguas de deshielo, y os diría que, con la recesión glaciar, estamos volviendo a sembrar aguas en aquellas laderas andinas, por encima de los 4.000 m de altitud. Y os contaría que en los Himalayas se están “sembrando glaciares”, que es lo mismo pero aprovechando el permafrost,...

Y eso es lo que hoy este viejo maestro quiere alzar como bandera: ¡sembrar aguas! ¡sembrar ilusiones!, mientras que en lo profundo rumio:

Haz de la ciencia poesía,
de los sueños creaciones,
de los deseos ilusiones,
y de las aguas alegrías...

Rafael Fernández Rubio
Premio Rey Jaime I a la Preservación del Medio Ambiente

6 comentarios:

  1. mi bisabuela, sembraba agua, cogía un calabazo, le sacaba sus semillas y lo llevaba a sitios de fe como el páramo en santander, lo llenaba de agua bendita, le echaba un pelo de mujer con raíz, le echaba sal de mar y una moneda de plata, luego lo tapaba y se lo daba a un niño o niña de pocos años 2 0 3 hasta 4 años para que lo sembrara, según la edad del niño era la demora del nacimiento del nuevo aljibe de agua, y el pelo de mujer se convierte en serpiente de agua que cuida el aljibe por generaciones, la cual no hay que matar, pues se acaba el agua.son tradiciones de santander que se acaban pero que en el recuerdo de los abuelos aun existen.

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    1. Gracias por el comentario... No sabía de estas tradiciones en Colombia; las he leído muy parecidas en México...
      No cabe dudas de que la cultura del agua es universal y, ahora, que tanto alarde se hace de "La Nueva Cultura del Agua", creo que a lo mejor hay que ser más humilde y aprender de "Las Viejas Culturas del Agua"; hasta podría irnos mejor (sin por supuesto menospreciar al progreso).

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  4. Buen trabajo de investigación e información, es curioso lo de "sereno de la noche". Es una maravilla, como siempre ha sido, que el hombre cuando se encuentra necesitado se le vienen ideas para el proyecto, llevarlo a cabo y con su tesón y paciencia recibir el producto para poder sobrevivir, y aquí nos encontramos gracias a todos esos hombres y mujeres prodigiosos.

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  5. Muchas gracias, tocayo y paisano... Tus palabras y tus pensamientos transmiten una realidad de la que vivimos y nos beneficiamos, y un desafío a no olvidar la herencia legada por quienes nos precedieron.

    Algún día espero honres a este blog con tus conocimientos y vivencias de la Alpujarra, en su relación y trato con el agua...

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