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martes, 14 de abril de 2015

Noticias de interés

Rehabilitación de acequias de careo en Sierra Nevada. Proyecto MEMOLA

Aguas de deshielo en La Alpujarra, Granada, España. (Foto: Pepe Rubia)
Olvidar tradiciones y técnicas, que aseguraron la disponibilidad de recursos básicos al hombre, a través de los tiempos, puede poner en riesgo la adecuada gestión de un bien tan preciado, y a veces escaso, como es el agua. 

Es así que puede ser nefasto sustituir antiguas acequias, en las laderas de las montañas, por tuberías y obras de hormigón, en las que "no se pierda ni una gota de agua".
Acequia impermeabilizada con hormigón en el término municipal de Alpujarra de La Sierra, (Yegen). Destaca la aridez del entorno, y la inexistencia de vegetación de ribera. (Foto: Eugenio Durán).
Con aquella sabiduría hidráulica, ancestral y tradicional, el hombre consiguió recargar a los acuíferos cutáneos de las laderas, y disfrutar de la disponibilidad de agua, en el estiaje, pendiente abajo, donde esta resurgía con un adecuado desfase, disponiendo así del preciado líquido cuando era más preciso para el riego, y más necesario para apagar la sed y aliviar los sudores.
Acequia de Busquístar (Foto: Comunidad de Regantes de La Acequia Gorda de Busquístar-Pórtugos-Ferreirola, Cortesía de Eugenio Durán).
En un afán de analizar estas actuaciones, en muy diferentes lugares del mundo, hemos encontrado, con sorpresa, repetición increíble en infraestructuras, dispositivos y técnicas, en lugares y tiempos bien distantes, que iremos dando a conocer conforme consigamos la documentación adecuada.

En todos estos buenos manejos del agua hay denominadores comunes: son fruto del ingenio, se realizan con elementos del entorno, nacen y se hacen por un esfuerzo comunitario; y son amigables con el entorno. Lo lamentable es que  muchas de estas infraestructuras, tradiciones y técnicas, estén cayendo en el olvido, justo ahora, cuando más necesitamos aprender de buenas prácticas del pasado, para conseguir la sostenibilidad en el futuro.

Acequia de Busquístar  (Foto: Comunidad de Regantes de La Acequia Gorda de Busquístar-Pórtugos-Ferreirola, Cortesía de Eugenio Durán).
Nosotros, desde este blog, que ha recibido ya más de 18.000 visitas de 97 países, abogamos por mantener esas técnicas ancestrales, de manejo de agua y por ello aplaudimos todas las acciones que, desde muchos puntos del mundo, se están emprendiendo para recuperar ese sabio sembrar y cosechar agua, de nuestros ancestros.

Logo del Proyecto MEMOLA.
Y, en ese marco, nos hacemos eco, hoy, de una feliz iniciativa, a este esfuerzo. Se trata del Proyecto MEMOLA (MEditerranean MOuntainous LAndscapes o su traducción al castellano, Paisajes de Montaña Mediterráneos), en el que un grupo de hombres y mujeres entusiastas investigan la configuración histórica del paisaje, en relación al uso de los recursos naturales. 

El objetivo de MEMOLA es analizar, desde una perspectiva interdisciplinar, los usos históricos del agua y los manejos del suelo, en zonas montañosas de cuatro entornos del Mediterráneo: Sierra Nevada (España), Montes de Trápani en Sicilia (Italia), valle de Vjosa (Albania), Parque Natural de las Colli Euganei en Padua (Italia). 

Paisajes aterrazados de la Alpujarra, Granada, España. (Foto: Pepe Rubia).
El proyecto está financiado por la Unión Europea, la cual lo califica, en su página web, sobre Investigación e Innovación, como mejor ejemplo de proyecto europeo de Ciencias Sociales y Humanidades, por su fuerte impacto sobre el territorio, por su ejemplaridad en el ámbito de las ciencias sociales, y por lo que significa de trabajo por y para la sociedad.

Mediante esta investigación, dirigida por el Prof. José María Martín Civantos, del Departamento de Historia Medieval de la Universidad de Granada, se pretende entender la evolución de los paisajes antropizados de montaña, estudiando los paisajes agrarios, analizando la evolución histórica de las tecnologías ancestrales de gestión hidráulica empleadas, y desvelando cómo las sociedades, desde la tardoantigüedad, modelaron el entorno al adaptarse a situaciones de cambio, incluidos cambios climáticos, con el fin de conocer, preservar y difundir los secretos de nuestros antepasados, tan necesarios para garantizar nuestra propia sostenibilidad en el futuro.
Río Trevélez. (Foto: Comunidad de Regantes de La Acequia Gorda de Busquístar-Pórtugos-Ferreirola. Cortesía de Eugenio Durán).
Mediante este estudio se analizan qué políticas seguir para mantener los valores de esos paisajes, haciendo que las comunidades que moran allí puedan seguir haciéndolo, viviendo de su trabajo y con garantías de futuro.


En este proyecto se engloban 10 instituciones, de cinco países distintos: Centro UNESCO,  de Andalucía, España; Universidad de Granada; Arqueoandalusí, Arqueología y Patrimonio (empresa granadina); Universidad de Córdoba; Consejo de investigación Nacional Español (CSIC); Escuela Española en Roma; Universidad de Padua; Universidad de Palermo; Universidad de Sheffield; Eachtra Archaeological Projects Limited (empresa de arqueología y patrimonio irlandesa) y Centre for the Research and Promotion of Historical-Arcaeological Albanian Landscapes-CeRPHAAL (Asociación Albanesa especializada en arqueología del paisaje).

Dentro de los trabajos que ya se han realizado, en el marco del proyecto MEMOLA, destacamos hoy la actividad referida a la recuperación de la acequia de Barjas, en Cáñar, que llevaba unos 30 años abandonada.

Trabajos de recuperación de la acequia de Barjas, en Cáñar.
Foto: Proyecto MEMOLA (web).
Su objetivo se enmarca en analizar los efectos de la recarga del acuífero cutáneo, en alta montaña, sobre la vegetación, fauna, pastos y agricultura. Esta actividad, en una primera etapa, realizada entre febrero y marzo del 2014, contó con la ayuda de la Comunidad de Regantes de Cáñar, y con la participación de 200 voluntarios, procedentes de diferentes lugares de España, pero también de otros países. Además se contó con la colaboración de otras instituciones como el Parque Nacional y el Parque Natural de Sierra Nevada, así como el Centro Andaluz de Medio Ambiente (CEAMA). Información más amplia aparece recogida en el documental, realizado por Studiosur.

En continuidad, hemos de destacar que, en abril de 2015, en el marco del Proyecto MEMOLA, se celebra el evento "Recuperación de una acequia de careo en LugrosSierra Nevada, Granada". Acción en la que colabora la Comunidad de Regantes de la Sierra de Lugros, así como el Ayuntamiento de Lugros, el  Parque Nacional y Parque Natural de Sierra Nevada, y el Centro Andaluz de Medio Ambiente (CEAMA). 

Entorno de Lugros, Sierra Nevada, Granada, España. (Imagen satelital Google earth).
Recuperación de acequia en Lugros.
Foto: Lara Delgado, Proyecto MEMOLA.
Recuperación de acequia en Lugros.
Foto: Lara Delgado, Proyecto MEMOLA.
No cabe duda de que, con esta nueva actividad, se conseguirá recuperar dos acequias tradicionales, para la comunidad de regantes, y se contribuirá de manera cierta a difundir estas buenas prácticas, difundiendo los conocimientos adquiridos entre los moradores de las propias zonas de estudio.

De la importancia de estas actuaciones, es reflejo el hecho de haber merecido la candidatura a los premios de la ONU Best Practices Award “Agua para la Vida”.

Contacto Proyecto MEMOLA:
http://www.memolaproject.eu/  
Lara Delgado Anés (ldelgadoanes@gmail.com)
Coordinadora de Difusión 
Campus Universitario La Cartuja
Facultad de Ciencias de la Educación 
18071 Granada



miércoles, 20 de noviembre de 2013

¿Qué es la siembra y cosecha de aguas?

Rafael Fernández Rubio
  Catedrático Emérito de Hidrogeología
   Escuela Técnica Superior Ingenieros de Minas
Premio Rey Jaime I a la Protección del Medio Ambiente

Jorge Novo Negrillo
Geólogo, Master en gestión de aguas
Experto en tecnologías sostenibles,
permacultura y medio ambiente

Frente a todas las soluciones actuales que se manejan, en el inmenso campo de la gestión de las aguas, no se debe olvidar el bagaje histórico en sistemas, técnicas y dispositivos hidráulicos ancestrales, que la humanidad ha empleado mientras escribía su historia. Y, como en este blog nos corresponde, sea este relato una breve introducción a la siembra y cosecha de aguas, y a su correspondiente nomenclatura anglosajona.
Pirineo de Huesca. Foto: Rafael Fernández Rubio
Podríamos definir la siembra de agua como el conjunto de alternativas técnicas sostenibles, desarrolladas por nuestros ancestros, con las cuales se trata de lograr la mejor  administración de tan valioso bien como es el agua.

Para ello, en general, se captan las aguas excedentes, procedentes de lluvias, deshielos, galerías, manantiales, etc. con el objetivo de aumentar su infiltración  en el subsuelo permeable, el cual se utiliza como almacén y/o elemento de conducción para el recurso, a fin de asegurar su presencia y aprovechamiento.
  
Sierra Pintada, Mendoza (Argentina). Foto: Rafael Fernández Rubio.
En este quehacer se maneja, sobre todo, la escorrentía superficial, que integra, a la partida del ciclo hidrológico, el agua que escurre sobre el terreno, buscando su infiltración en esas estructuras subterráneas permeables, por porosidad o fracturación, que son los acuíferos (recarga artificial).

Así, al hacer invisible a esa agua visible, podemos alimentar surgencias ladera abajo (jugando a nuestro favor con el retardo que supone el tránsito subterráneo a menores velocidades que en superficie, para asegurar la disponibilidad de agua tiempo después de las precipitaciones). También, con este objetivo, se emplean estructuras de almacenamiento natural o artificial, desde las que se puede distribuir el agua a otros puntos, para atender a la demanda para riego, abastecimiento u otros usos.

Bancales en las laderas alpujarreñas de Sierra Nevada.
Foto: García de los Reyes.
Estas actuaciones, realizadas con la pertinente planificación hidrológica y ambiental combinada, pueden aumentar los recursos de agua subterránea en determinadas zonas, y pueden ayudar a preservar la biodiversidad de los espacios naturales, prácticamente sin impacto negativo en los ecosistemas, siendo perfectamente compatibles con el entorno, lo que indudablemente supone uno de los aspectos positivos más ansiados.

En la terminología anglosajona estas técnicas se definen como "water harvesting", que podríamos traducir como "recolección de aguas", si bien personalmente, de tener que nombrarlas en inglés, prefiero englobar estos ingenios en lo que denomino “WET” de “Water Earth Technology”, acrónimo muy intuitivo dado el significado de WET en inglés: húmedo, mojado.

Aquí se agruparía un conjunto amplio de técnicas y obras ancestrales, con sus dispositivos puntuales aplicados en la gestión sostenible del agua y el suelo fértil: la siembra y cosecha de aguas.

Acequia de Almegíjar (Alpujarra). Foto: Ángel Bañuelos.
En este sentido, Frasier (1994) define a la "siembra y cosecha de agua" como el proceso de recolección de agua a partir de un área de infiltración de escorrentías; esta agua podría ser almacenada, para su posterior uso en abastecimiento de agua o riego.

Boers y Ben Asher (1982) la definen como la metodología para inducir, recoger, almacenar y conservar la escorrentía superficial en regiones áridas y semiáridas, y diferencian entre:
  • Rainwater harvesting: cuando se cosecha agua de lluvia desde áreas de captación.
En este punto se ha de realizar un pequeño inciso, ya que también hemos de considerar cuando la captura de agua y su infiltración se realiza en el mismo sitio. En este caso estaríamos hablando de "In situ Rainwater harvesting".
  • Floodwater harvesting: donde se recoge y almacena el agua desde cauces naturales, normalmente en épocas con excedentes. Modalidad esta en la que se puede actuar de dos maneras: reteniendo el agua y almacenándola en los materiales permeables del fondo del valle (riegos por inundación), o desviando el agua a otras zonas permeables.
Cabe mencionar que estos sistemas pueden ser mixtos, como en el caso de obras lineales tales como acequias, las cuales normalmente nacen en un cauce y reciben el aporte de áreas de captación durante el recorrido hasta el área de infiltración.

Acequia de Trevélez, (La Alpujarra) España.
Estos autores especifican que la cosecha de agua se puede realizar de dos maneras diferentes, dependiendo de las dimensiones del área de captación y la distancia a esta:
  •  Microcatchment water harvesting: que se realiza en microcuencas donde el área de captación tiene dimensiones reducidas, y el agua se conduce a zonas de almacenamiento cercanas.  
Aljibe en la provincia de Gerona.
Foto: Xavier Marco (http://trenca.org/es/).
En la imagen podemos ver un bello ejemplo, en la provincia de Gerona. A la izquierda de la imagen quedaría una pequeña área de captación, que corresponde con un afloramiento rocoso de morfología plana que se limpia para favorecer la escorrentía superficial, se observa como un pequeño muro de piedra en seco dirige este agua a un aljibe, para su almacenamiento.

  •  Runoff water harvesting, en la que la escorrentía se concentra desde un área de captación relativamente lejana y se utilizan sistemas de desviación como canales, muros de piedra en seco, etc. para conducirlas y almacenarla en los acuíferos, suelos de uso agrícola y/o en depósitos naturales más o menos acondicionados. Cuando el uso principal del agua es la agricultura se añade el término anglosajón "farming".  

Siembra y cosecha de agua en Potosí (Bolivia).
Foto: Rafael Fernández Rubio.
Dentro de esta última modalidad podemos encuadrar las acequias, careos y amunas que toman agua de áreas de aportación distantes para guiarlas a las zonas de interés, ya sean zonas de cultivo, zonas de infiltración y recarga, etc.




domingo, 13 de octubre de 2013

La siembra de agua, las acequias: imaginando sus orígenes.



Jorge Novo Negrillo.
Geólogo, Master en gestión de aguas. 
Experto en permacultura, medio ambiente y tecnologías sostenibles.

Desde los primeros surcos que condujeron agua, convertidos en acequias y canales en su madurar, se tuvo claro que la gravedad era un factor decisivo en el manejo de las aguas. A favor de la gravedad, era fácil, relativamente, dirigir el agua.

Se parte del concepto de graduar la energía potencial del agua, captada en las alturas, para dirigirla a su destino elegido, lo que en terminología de los acequieros se denomina “levantar el agua”. Para mantener esta energía potencial, con las mínimas pérdidas posibles, lo más sencillo es mantener la cota, adecuando una ligera pendiente en la construcción, a favor de la dirección que ha de seguir el agua guiada; la finalidad, aparte del transporte, es muchas veces aumentar la infiltración en el terreno.

Si observamos la naturaleza, podemos intuir muchos modelos donde el humano pudo haber observado las claves que originaron estas técnicas. La intuición apunta directamente a que ciertos sistemas de siembra de agua partieron de la observación del medio: Así estos "caminos del agua" (acequias) pudieron ser inspirados, en mi opinión, en caminos de animales e incluso del mismo hombre, las pistas y veredas dejadas, que fueron tomadas por las aguas, dando lugar a caminos del agua.


Veredas en una ladera.
Podemos visualizar esta tesitura en lugares montañosos de todo el mundo, donde los mamíferos que se desplazan por las laderas (hombres, vicuñas, Yak, etc.), realizan sus travesías a la misma cota, buscando el ahorro de energía, manteniendo un gradiente de pendiente constante .

Si estas rutas son muy frecuentadas el desgaste del terreno, con el tránsito y con el tiempo, da lugar a una sección cóncava por la cual puede circular el agua. 
En los casos en los que estas veredas se cruzan con cauces naturales es incluso posible que desvíen, en mayor o menor grado, parte del caudal de los mismos en periodos de crecidas.

Así, cuando se producen las precipitaciones, el agua de escorrentía discurre por la superficie de la ladera, tendiendo a concentrarse en las zonas de menores cotas, como barrancos y cauces fluviales.

Escorrentía sobre la ladera.
Ahora, observando la imagen adjunta, podemos imaginar la trayectoria de una gota que circula por la ladera y que, al llegar al camino-vereda que mencionábamos, evidentemente, cambiará su trayectoria.

 Efecto sobre los flujos superficiales al intersectar con las veredas.
Quizás este hecho, que hemos expuesto, sea lo que inspiró a los primeros "ingenieros del agua", o quizás fuesen otros modelos naturales. En todo caso, la consecuencia trascendente fue que el hombre logró entender cómo dominar un recurso imprescindible, que antes era indomable...